Ciclismo en el verano más severo

El dicho contaba que las bicicletas son para el verano. El dicho tiene unos años, entonces, tendría razón, hoy también, pero en parte, porque el ciclismo ya se ha convertido en algo que ocupa los doce meses del año.

Sea como fuere el verano 2020 es singular para el ciclista, éste se quedó huérfano de grandes eventos que mueven pelotones de medio mundo y centran los objetivos de un buen puñado de ciclistas.

Sin embargo, el placer de rodar por parajes conocidos, de descubrir nuevos, de respirar aire y tostarse al sol, es algo que el 2020 no nos puede impedir. Salir en bicicleta estos días es un placer que, sin embargo, puede tener truco y trampa, un placer que conviene tomarse con conciencia, pendiente del riesgo que implican esas altas temperaturas y el peso de las mismas en el organismo. 

El mejor sol es el que ilumina

Dicen los viejos que “la hora de los tontos es aquella en la que ves tu sombra bajo tu bicicleta”. En otras palabras, salir a pleno sol, cayendo a plomo, en vertical sobre tu cabeza, no parece la opción más sensata.

Si el día lo permite hay dos franjas especialmente indicadas, aquellas en las que nuestra sombra se alarga por la carretera y arcenes, porque el sol calienta, pero no a pleno pulmón, pues está saliendo o poniéndose. 

Salir a primera hora tiene el premio añadido de ver la naturaleza efervescente por esa noche de estío que le impide dormir profundamente, implica respirar aire fresco, y encontrar matices que la ruta guarda a los más madrugadores. Pero sobre todo implica ahorrarse el riesgo de un golpe de calor.

Es la hora del mejor sol, el que ilumina, pero no asfixia, aunque ya sabemos que ciertos enclaves el calor está instalado 24 horas non stop.

Por eso no conviene dejar de lado cuestiones de hidratación, en especial isotónicos, antes, durante y después de la marcha, pero también agua fresca que garantice algo tan importante como la refrigeración del cuerpo. La deshidratación es un enemigo que blande la espada sin avisar, ni síntoma previo, pero que supone un mazazo para el organismo.

El calor, mejor, con humedad

En el mapa del calor la humedad tiene su influencia, aunque el calor seco sea más apetecible en muchos casos, lo cierto es que en el deporte, y en la bicicleta en especial, es peligroso, por que el fantasma de la deshidratación está más presente.

El calor seco es más duro con altitud, más deshidratación y más problemas para rendir. ¿La clave? No descuidar ir bebiendo, incluso aunque no apetezca. 

Se dice que el cuerpo humano cae en su rendimiento a partir de los 35 grados, el cerebro transmite sus órdenes con más dificultad y es más pesado el pedaleo. A ello añadidle cuestiones como ese asfalto que enfoca el calor hacia arriba, que recalienta los pies, el primer punto de contacto del cuerpo y estos con el calor se hinchan, duelen y baja el rendimiento.

Sobre la comida: Todo lo que sea ligero y rico en energía será bienvenido. Comida tipo fruta, verdura y ensaladas que pueden ser ricas en hidratos, con arroz y pasta, ojo las digestiones, pero también hidratos de absorción lenta, con elementos como la tapioca y la mandioca.

Vestir guapo pero efectivo

Arriba un maillot que debe ser ligero, con protección ultravioleta y una evacuación que asegure bien transpirar. Ante el sol quizá mejor colores lisos y evitar tonos oscuros y estampados recargados.

Abajo el culotte es una pieza clave y aquí la badana es importantísima, garantizando una buena amortiguación y una absorción intensa. El tejido por lo general debería ser ajustado y aterciopelado.

Pero la ropa no es todo, la higiene es importantísima, sobre todo en esas zonas en las que, con el roce, el sudor y el calor, cualquier herida podría ser un problema real.

En Gobik las cinco familias de verano ofrecen piezas que responden ante la canícula más exigente. Desde la primera línea, Stark, al Carrera, la colección más sofisticada para el calor más elevado, se disponen piezas que garantizan que la salida, por más calor que caiga, sea un placer, sea cuál sea el objetivo, rodar y rodar o rendir.

 

Textos:  El Cuaderno de JoanSeguidor