El otoño no es ciclismo de entretiempo. Es mucho más

Cuando el verano languidece, las jornadas se acortan, la primera hora refresca, el sol es más horizontal, la luz más tenue… la carretera se puebla de hojas muertas, color ocre, la montaña se mecha de tonos eternos para la memoria y el ciclista disfruta en la intimidad.

Porque en otoño el ciclismo es íntimo, una alquimia de sensaciones tras una temporada cargada de citas, marchas, carreras y otras experiencias, mientras se piensa en el merecido descanso y un poco más allá, en la pretemporada y los retos que han de venir.

Por eso el otoño ciclista es la estación de estaciones, por eso es el ciclismo de ciclismos. Ese momento en que la carretera queda un poco de lado y se adentra en el ciclocross, por ejemplo, o en la montaña.

La bajada del pulso de actividad empuja a disfrutar de la bicicleta pasando por las cuatro estaciones: fresco en la mañana y buena temperatura, cuando no calor, al mediodía.

En una salida de cien kilómetros pasan por delante del ciclista los colores del clima. Si sale del interior, se puede encontrar niebla que cala en los huesos y deja frío. Si va a la costa, el sol le espera con los brazos abiertos, para mecerlo en los últimos rayos de calor, antes del invierno.

La ropa del otoño

Por eso la indumentaria cobra especial importancia.

Prendas de toda la vida, como manguitos o perneras ganan importancia en el armario del ciclista, prendas de quita y pon, que se complementan con ese chaleco cortavientos, bien ajustado que utilizaremos en las bajadas.

El otoño es la estación de estaciones: en un tramo pequeño, ínfimo al surco de una bicicleta, en un kilómetro, una carretera que trepe por la montaña tendrá zonas de penumbra alternadas con otras de sol radiante, tramos secos seguidos de esa humedad que se agarra al asfalto y quizá ya no lo suelte hasta la primavera.

Un carrusel de sensaciones que sacan a pasear prendas que estaban a recaudo desde la primavera.

Si la chaqueta entallada se impone en los descensos, la camiseta interior es otro aliado clave, para toda la salida además. Una prenda que tiene que ser solidaria, ajustarse al corredor, su segunda piel, que seque y le ponga a recaudo del fresco del descenso, de aquellos tramos que son castigados por el primer frío de la mañana o del viento.

Las salidas del otoño

Con la carga de kilómetros de la temporada ya en el cuerpo, el otoño propone salidas más relajadas. Dos horas podría ser el modelo estándar. A sabiendas que otras modalidades pueden llamar la atención del buen ciclista, tomarse la bicicleta con más calma se impone.

Y no sólo eso, es importante trabajar aquellas zonas del cuerpo que con la frenesí de marchas y competiciones no se tienen presentes, para tener una buena base muscular para cuando el ciclista deba volver a meter kilómetros sobre la flaca.

Es momento de compensar todos esos vicios que el pedaleo nos impone en otras épocas del año.

La alimentación en otoño

Hay un axioma de inicio para el ciclista en otoño: ¿Qué kilos se pueden ganar en invierno? Esa cifra es clave para tener presente que, con el descenso de actividad, los kilos pueden caer como un castigo.

Ganar peso no es malo, al contrario, es recomendable, por dos motivos, ayuda a la regeneración muscular y de paso facilita procesos metabólicos que el cuerpo necesita. Dos beneficios que seguro se notarán en la campaña siguiente. Comer variado, sin mala conciencia, sabiendo cuál es el peso objetivo cuando acaben las Navidades, porque hay una máxima matemática: Quien hace dieta en otoño no llega a marzo…

Vienen días apasionantes por delante, no serán muchos, pero sí suficientes para comprobar que el otoño es especial, la estación de estaciones, un privilegio que el buen ciclista seguro sabe valorar.

 

Textos: El Cuaderno de JoanSeguidor