Gobik, diez años de inconformismo

“¿Montar una fábrica de ropa para ciclismo en Yecla? Eso era como ponerte a hacer trajes de astronauta”. Jose Ramón Ortín, director comercial de Gobik, recuerda con una sonrisa como fueron los inicios de la marca. “Tradicionalmente, la zona de Yecla se ha dedicado al mueble, al tapizado y a la colchonería, así que montar una fábrica de muebles era algo fácil, porque aquí hay maquinaria y gente con formación, pero cuando empezamos tuvimos que formar a la gente y, por entonces, suplimos nuestra inexperiencia con mucha ilusión. Teníamos que convencernos de que aquello era lo que queríamos hacer y tirar hacia adelante”. Su mano derecha y director de producto, Alberto García, asiente con la cabeza y recalca: “Cuando empezamos no teníamos recursos, y estos tampoco estaban a nuestro alcance porque, simplemente, no sabíamos dónde ir a buscarlos o con quién teníamos que hablar… Y eso tiene su dificultad, porque empezar un negocio desde cero no es nada fácil”.

De aquella locura empresarial se cumplen ahora diez años, una década en la que Gobik ha pasado a ser una marca que daba servicio de ropa de ciclismo personalizada a posicionarse como una referencia a nivel internacional, con colecciones propias, y con una estructura de más de cien trabajadores que exporta a medio mundo a través del comercio digital y una amplia red de puntos de ventas. 

Además, ha conseguido albergar un elenco de embajadores de primer nivel como Alberto Contador, Ivan Basso, Carlos Coloma y Julien Absalon; tiene presencia en carreras profesionales como la Volta a Catalunya, la Volta a la Comunitat Valenciana y la Vuelta a Burgos y, citas cicloturistas internacionales como la Mallorca 312, la Alberto Contador y un amplio número de eventos como la Titan Desert y la Madrid-Lisboa. También son partner técnico de equipos profesionales, tanto de ciclismo en carretera como en BTT, como el Caja Rural, el Kometa-Xstra, el Casa Dorada-Cronos, el Absolute Absalon y el BH-Templo Cafés, entre otros. 

La esencia

Indagar en la joven historia de Gobik también significa descubrir el por qué de algunas de las dinámicas internas de la casa, y el por qué del espíritu que pretenden transmitir. Llama la atención el hecho que ninguno de los dos directores proviene del sector textil. José Ramón Ortín era técnico industrial, y estaba trabajando en el departamento de I+D de una empresa de cascos para motos, y Alberto García es arquitecto, proveniente del sector de la construcción, pero siempre se ha sentido atraído por todo lo relacionado con el producto y el diseño.

Así, en todo este proceso, los dos han aprendido a ser diseñadores, patronistas, comerciales, a hacer sus propios planes de marketing... “Pero lo más importante para poder desarrollar un producto es que realmente te guste. Tienes que vivirlo, y tiene que ser tu hobby, tu pasión. Por ejemplo, tienes que hacer un culotte y poder probarlo para poder cambiar cosas, y volverlo a hacer, y volverlo a probar...”, asegura Ortín. Sin duda, se asemeja a una evolución artesanal basada en el método ensayo-error. “Nos gusta considerarnos más cocineros que empresarios”. 

Esa aproximación progresiva les permitió, ya desde los inicios, tener esa “frescura” y falta de complejos que transmiten los recién llegados a un lugar, cosa que encaja tanto con la forma tan cercana con la que ambos comunican como con alguna de las combinaciones atrevidas de colores y estampados que proponen en sus modelos de colección. “Con el tiempo hemos tenido que aprender a ser empresarios, claro, a saber cómo se gestiona una empresa con trabajadores y todo lo demás, pero lo que a nosotros nos motiva es poder hacer el producto, cocinarlo. Lo que realmente nos hace felices es pelearnos con algo que no nos sale y luego verle la punta. Eso es lo que nos gusta y más nos motiva”, completa Ortín.

De esa forma de ser nace uno de sus lemas: “Non conformist”, que suelen añadir a algunos de sus diseños, así como en los hashtags que usan en redes sociales. Los directores sonríen cuando se les pregunta al respecto. “Eso viene de que, cada vez que alguien del equipo viene a presentarnos una idea, siempre tenemos ese pero preparado y ¡tenemos que ponerle la puntilla a todo! —comentan en medio de risas generales—. Lo de la palmadita en la espalda y la autocomplacencia lo hemos visto siempre como una debilidad”.

Como si fuera ropa de calle

Otra de las características que han definido a Gobik y que ha hecho que hayan calado hondo entre el ciclista de a pie es el balance entre la exigencia técnica y los precios competitivos. “Siempre hemos querido posicionar la marca y el halo que la rodea por encima de la media, pero en un rango de valor democrático”, continúa el director comercial de Gobik sobre la horquilla de precios de venta al público con los que suelen trabajar.

A su turno, García completa el argumento: “Y, además, que se pudiera disfrutar de la ropa de bici casi como si fuera ropa de calle. Que la gente pueda tener maillots de varios colores y diseños, y que los pueda combinar a su gusto. Y, siempre, con un buen diseño. Recuerdo que cuando empezamos haciendo personalizados como Gobik The Custom Wear Company, hablábamos con los clubs y nos preguntábamos, a pesar del hecho de que se hubiesen de plasmar los logotipos de los diversos patrocinadores, ¿tenía la ropa que ser tan fea?”. Es por eso que reconocen que están muy atentos a lo que pasa a su alrededor, a las tendencias que aparecen, a los colores, y no sólo en el sector del ciclismo. 

Otras de las claves del éxito ha sido algo que quizás no es tan visible, pero de igual importancia capital: el trabajo de campo en ferias y en eventos cicloturistas. “La mejor manera de conocer al cliente es en la calle, en las marchas, en las carreras… Ahí es donde se concentra la gente a la que le gusta el ciclismo, y les pones cara”, prosigue el responsable de producto.

El reto del Covid-19

El estado de alarma provocado por la crisis sanitaria del Covid-19 durante la primavera de este 2020 supusieron unas semanas de incertidumbre que, como muchas otras empresas del sector, han obligado a Gobik a reinventarse. La crisis pilló a la marca murciana en pleno crecimiento y a punto de mudarse a unas nuevas instalaciones de unos 10.000m2 en Yecla. “Estábamos acostumbrados a que la empresa fuera creciendo año tras año y, de golpe, te das cuenta de que todo se puede desmoronar —confiesa Ortín—. Toda la actividad se paró prácticamente en seco. Teníamos servida toda la colección de verano a nuestros clientes, y nuestro principal temor era saber cómo las tiendas, que estaban cerradas, iban a poder afrontar la venta de todo ese material. La sensación fue de shock ante una situación que se escapaba de nuestro control.”

Pero a pesar de las dificultades, las prioridades estaban claras. “No teníamos muy claro qué medidas legales podíamos o queríamos tomar, pero sí que sabíamos una cosa: que nuestro mayor valor es nuestro capital humano y queríamos mantenerlo a toda costa. Somos una familia y teníamos que luchar unidos contra esta situación”, comenta el director comercial.

Y añade: “Este proceso ha supuesto para nosotros un conocimiento más profundo de la plantilla. Se han producido muchas situaciones de tensión importantes ante la incertidumbre reinante. Pero la plantilla se ha volcado de lleno en la empresa, aportando al máximo y de forma incondicional. Un buen ejemplo es la acción de apoyo a las instituciones sanitarias que hicimos, fabricando material de protección, y con todos los trabajadores trabajando en ello de forma altruista”. De esta experiencia ha nacido Maask, una división de la marca encargada de la elaboración de mascarillas de protección

El futuro

Cuando a los responsables de Gobik se les pregunta sobre hacia dónde se encamina el sector textil dentro del mundo del ciclismo, hablan de un futuro incierto, porque durante los últimos años, en los que han nacido muchísimas marcas de ropa con esta especialidad, el sector ha experimentado grandes cambios a nivel de diseño y patronaje. “Es complicado decir hacia dónde irá el mundo de la ropa de ciclismo pero, en nuestro caso, creemos que es importante mantener esa frescura con la que nacimos para ir respondiendo de forma ágil a las tendencias. Miramos mucho fuera de nuestro ámbito y nos fijamos en lo que pasa en la moda en general. En la parte técnica del producto creemos que no van a haber grandes revoluciones más allá de que tengamos que abrirnos a nuevas disciplinas, como el gravel”, comenta García, responsable de desarrollo de producto.

Y es que sorprender e innovar es cada vez más difícil. “Sin duda, la diferencia radica en los pequeños detalles. Quizás pasa por conseguir piezas con menos costuras, o buscar soluciones prácticas como, por ejemplo, evitar que se te caiga el móvil del maillot, que tengas más visibilidad en carretera y, por lo tanto, más seguridad, o que la tela sea más fresca”, añade, por otra parte, Ortín. “Pero la tendencia general del sector es apostar por la sostenibilidad y por los tejidos reciclados. En unos años, todas las empresas van a tener que adaptarse a esa política respecto a la generación de residuos”, afirma el primero, que también asegura que marcar diferencias mediante la colección propia es lo que les dota de valor de marca. “No podemos ser exclusivos en lo que concierne al precio, pero sí que podemos hacerlo a través de acciones propias, como crear colecciones limitadas. ¡Hemos sacado algunos modelos que se han agotado en horas!”. 

Texto: Olga Àbalos / VOLATA

Fotografía: Julia Díaz