La intrahistoria del Madrid-Milán de Alberto Contador

La jornada la tenemos bien grabada en la memoria. Lorenzo Fortunato se impone en la cima del Zoncolan, el monte más importante del Giro de Italia, y Alberto Contador, copropietario del equipo Eolo-Kometa, se lía la manta a la cabeza y promete cubrir el tramo Madrid-Milán en bicicleta.Aquello fue en pleno mes de mayo, pero la promesa se encargó de ratificarla por varias vías. Iba a cumplirla. 

Claro que entonces la veía lejana, a cuatro meses vista. Un sensación de lejanía en el tiempo que cambió, una vez que las fechas se aproximaron: “Cuando me percaté de la exigencia de la promesa hecha fue una vez que íbamos a ejecutarla, a dos o tres semanas de hacerla” comienza contando Alberto Contador. 

Entonces emergieron los nervios y el respeto, normales en estas circunstancias, “Jesús Chiquitín trazó la ruta. Él en definitiva fue quien hizo la apuesta y acepté si ganábamos una etapa en el Giro. Era una ruta relativamente llana, él no es escalador y eso nos facilitó bastante todo. Sumas muchos metros de desnivel por la cantidad de kilómetros, no por la presencia de grandes subidas” afirma Contador.Unos días después de cumplir el reto, el ex ciclista y embajador de Gobik explica que “el cuerpo ha respondido muy bien. Admito -prosigue el madrileño- que los días que más respeto me daban eran los primeros. Salíamos con 370 kilómetros, luego venían etapas de 300 y 320. En mi caso sabía que el cuerpo iba a ir a más, siempre me ha sucedido, tanto en activo como en categorías inferiores. Ya sé que no es el mismo estado de forma, pero con los días notas que el pedaleo es más vivo y el esfuerzo lo vas aceptando”.

Un reto de equipo hecho por un equipo 

Los compañeros de marcha eran los mismos que acostumbran a rodar con él en las salidas por su zona, era su grupeta de confianza, amigos que sacaron tiempo de su día a día laboral y familiar para hacer fondo y kilómetros, antes de la gran travesía: “Hubo compañeros que lo llevaron mejor, otros que acusaron la fatiga, pero realmente ha ido bien”. 

Eso sí “ha habido algún momento complicado, aunque nadie tenía nada que demostrar, era un reto colectivo, de ir juntos en grupo. Un día uno iba mejor y otro al contrario. Era una cuestión de trabajar en equipo” prosigue.   

Con ellos iban dos conductores, uno para guardar material y otro de coche de apoyo para barritas en ruta y repuestos de pinchazos. “Lo cierto es que tuvimos bastantes pinchazos” comenta. Junto a ellos la persona de marketing de Aurum, su marca de bicicletas, para poder generar la historia en las redes.El momento de llegar a Milán fue mágico, justo seis días después de salir. Como fueron una media de diez horas diarias, se han hecho muy muy largos. Ya tuve la fortuna de llegar a Milán tras hacer el Giro, pero esta vez ha sido especial”.

Gobik fue la piel del reto   

La grupeta fue vestida de Gobik: “Lo han vuelto a clavar. La marca está haciendo un trabajo increíble. Propusimos el proyecto, nos dijeron “ok, nos encargamos”. Es un modelo bonito, sencillo, elegante, vistoso y con clase. Nos lo seguiremos poniendo, seguro” concluye Contador. 

“El diseño refleja la esencia pura de una gran vuelta, concretamente la de la ronda italiana: una especie de caos organizado que durante 21 días recorre los rincones más bonitos de Italia. Y para transmitirlo concretamos un diseño atractivo y minimalista en el que el negro daba orden al rosa "Giro" de los detalles” tercia Ángel Lencina, desde el departamento de diseño, quien confirma que la serie no está a la venta. 

La piel de la grupeta que acompañó a Alberto Contador se basaba en modelos pensados para muchas horas sobre la bicicleta: “El maillot CX Pro y los culottes Gravity y Absolute no podían faltar en este reto. Seis días encima de la bicicleta llevan el cuerpo al límite y teníamos que equipar a todo el grupo como si de un equipo profesional se tratara, incorporando también las nuevas chaquetas de lluvia Pluvia, chalecos Plus 2.0, camisetas interiores Second Skin, manguitos, calcetines y todo lo que pudieran necesitar”. 

Y sobre estas piezas “algunos detalles que las hacen únicas -prosigue Ángel-, como son las coordenadas de Madrid y Milán y el número 1600, en referencia a la distancia en kilómetros que separa la salida y la meta de este desafío. Además, tampoco podían faltar las pinceladas rosas para hacer un guiño a la maglia rosa del Giro de Italia”.

Todo se concibió en contacto con el ciclista, pues “la comunicación con Alberto es fluida durante todo el año. Como embajador global de Gobik estamos en continuo contacto y en cuanto vimos a Fortunano levantar los brazos en la cima del Zoncolan, comenzamos las conversaciones con él para trabajar en la piel del proyecto”. 

Cuatro meses después de vivir su estreno, por partida doble, en el Giro de Italia, Gobik ha podido vestir una efeméride tan singular como la que se ha completado de Madrid a Milán en seis días.Por El Cuaderno de JoanSeguidor

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