Verano y ciclismo: el calor exige respeto

El ciclismo en verano es ciclismo de casi 24 horas, temperaturas llevaderas, días largos, jornadas de descanso. Decían que las bicicletas eran para el verano, una verdad a medias, lo siguen siendo, aunque ahora el ciclismo llena ya los doce meses del año.

Pero el verano no es sencillo para el ciclista, no tanto como en un principio pueda parecer. Las altas cumbres abren sus vías entre las nieves, resquicios del invierno, pero llegar hasta ellas se hace desde valles donde el calor se concentra y pone el cuerpo al límite.

En la historia hubo buenos corredores que hicieron del verano virtud, ganando grandes carreras tostadas por el sol y el calor, pero esto no es un camino de rosas y el astro rey exige respeto.

Como me dijeron una vez “la hora de los tontos es aquella cuando ves tu sombra debajo la bicicleta”. Así es, cuando el sol está sobre tu coronilla, en vertical el ciclismo se vuelve insalubre, porque ese calor de treinta y pico grados te mella sin darte cuenta y pone el organismo al limite, una prueba invisible.

Por eso salir temprano se impone, incluso en las horas de estío que gusta tanto alargar en la cama, con el fresquito del pueblo. Es recomendable, e incluso impagable, porque ves las primeras luces del nuevo día, parajes iluminados de plano e instantes mágicos.

La quietud de la primera hora en la carretera, la eterna soledad del ciclista, la respiración en carreteras que parecen cerradas para el disfrute sobre la flaca, eso no tiene precio.

 Si nos dan a elegir, mejor el calor húmedo

El agua, el liquido elemento, como casi todo en esta vida, es fundamental para lubricar el desgaste. Agua e Isotónicos son imprescindibles y si están fresquitos mejor, pues ayuda a refrigerar. Aquello del agua templada fue un mito, aunque eso sí, mejor beberla a sorbos, para que el estómago no entré en shock.

Importante también es el lugar y la humedad del mismo, aunque parezca intrascendente: No es lo mismo rodar con calor húmero que seco.

El primero es molesto en la vida normal, es pringoso, siempre sudando, incómodo, pero sobre la bicicleta es agradecido: la piel siempre va húmeda, bien hidratada. Con calor húmedo la sensación de sudar envuelve al ciclista casi de inicio, casi desde el mismo inicio de acoplarse a los pedales.

Esa sensación de sudar casi de inicio es buena, aunque parezca lo contrario, propicia o bajar la guardia y ser prudente. El cuerpo sale más tranquilo, la euforia del kilómetro cero no se contagia y la hidratación se hace consciente 

En zonas de calor seco, a más de mil metros, la sensación de sudor es exponencialmente más baja. Subes y subes, pero la humedad se resiste a parecer, luego está la altitud, que deshidrata al punto que cuando te percatas, boca seca, labios escareados, puede ser tarde.

Hidratar es clave.

El calor es un plomo en el organismo 

Con la península ibérica y parte del viejo continente desafiando los termómetros, es muy importante saber que el cuerpo humano cae en su rendimiento a partir de los 35 grados. Puede parecer irrelevante, pero es una cuestión importante: Las órdenes del cerebro llegan con más dificultad a mayor temperatura. 

De ahí esas bolsas de hielo de los corredores en el Tour de Francia, o esos chalecos de hielo fríos a la salida de la carrera. Tener el cuerpo aislado del calor reinante es clave para rinda a un nivel aceptable, considerando que aceptable en verano es un término muy relativo.

Hay que ser conscientes de los topes que impone el calor. No se puede pretender un rendimiento como en otras épocas. Y entre otros techos, un enemigo invisible que ha caído como una maza sobre muchos ciclistas: los pies.

El asfalto con el calor es una suerte de parrilla blanda que refleja el calor hacia el ciclista y su primer punto de contacto con éste son los pies, sí los pies, y no es extraño ver a ciclistas tener que parar porque el calor hincha los pies al punto de provocarles un dolor insufrible, un dolor que se transforma en fatiga…

Es por eso interesante programar alguna parada durante la salida, desenganchar las zapatillas y airear los pies, ese gran olvidado de muchos ciclistas.

Fuera de la bicicleta

En la mesa, la dieta es parte del entrenamiento invisible, no hay que escatima en ensaladas, frutas y verduras. Hidratación, hidratación e hidratación. Mejor arroz que pasta y si se toma caldoso, mejor incluso. También están la tapioca y la mandioca, carbohidratos de absorción lenta que se pueden tomar en papilla. 

En la hidratación hay bebidas vegetales muy recomendables, bebidas de soja, avena e incluso arroz antes y después de la bicicleta. Obviamente las bebidas especializadas tienen su importancia.

Ropa acorde…

Las gafas no sólo son un elemento decorativo, también protegen de insectos y filtran los ultravioletas.

El maillot se recomienda ligero, también con protección utravioleta, debe tener buena refrigeración y debe evacuar bien el sudor, para disfrutar de descensos plenos sin incómodas humedades. Interesante evitar colores oscuros y prendas de estampados muy recargados. 

El culotte es la pieza baja, y con calor fundamental. Una herida mal curada en la entrepierna puede dejar al ciclista en el dique seco varios días, cuando no semanas. Por eso la elección de un culotte exige una buena badana, que absorba bien el sudor y tenga la zona seca es muy importante, como que amortigüe. El tejido debe ser suave, aterciopelado, ajustado.

Y no os quedéis en lo dicho, que es lo más obvio: La higiene del ciclista es un ritual que con calor tiene su plena justificación.

 

Textos: El Cuaderno de JoanSeguidor